El orden de los talleres, lo que se espera de cada etapa y los límites reales del formato: bocetos primero, color después, narrativa al final.
El recorrido de un curso sigue un orden bastante estable: se empieza por una idea o un encargo, se boceta sin miedo, se corrigen decisiones antes de pintar y se cierra con una pieza terminada. No hay atajos ni resultados instantáneos, pero sí un camino claro para quien dibuja por primera vez y para quien ya tiene tablas.
Antes de abrir el cuaderno, definimos qué se quiere contar: una escena, un personaje o una historia breve. Revisamos referencias, formato y tiempo disponible. Si el encargo es vago, lo aterrizamos hasta que se pueda dibujar.
Series de manchas rápidas, sin borrar, para encontrar la forma general antes del detalle. Aquí se decide proporción, gesto y encuadre. Es la etapa donde más se tacha y menos importa: lo que sobrevive al boceto sostiene el resto.
Trabajamos con ultramar y mostaza como base para no dispersar la lectura. Se reserva el amarillo para los focos de atención y el azul para las zonas de descanso. Los ejercicios de mezcla van antes de cualquier acabado.
Cuando hay personaje y color, pasamos a la secuencia. Tres viñetas suelen bastar para practicar elipsis y encuadre. Se revisa qué se puede omitir sin perder la historia y qué gesto hace todo el trabajo.
El cierre es una ilustración o escena acabada, con sus decisiones justificadas. Se comenta en grupo, se anotan correcciones y se archiva en la galería creativa. De ahí sale material para el siguiente ejercicio.
Cada etapa del programa tiene un objetivo concreto y un entregable revisable. No se avanza por acumulación de videos, sino por ejercicios que se corrigen y se vuelven a trabajar hasta que la decisión gráfica se sostiene sola.
Series de bocetos rápidos en cuaderno, sin corrección. Se trabaja la silueta antes que el detalle y se revisa qué formas aguantan al reducirse. Primer entregable: veinte manchas comentadas.
Ejercicios de mezcla con ultramar y mostaza. Se reserva el amarillo para los focos de atención y el azul para las zonas de descanso. Entregable: tres escenas con la misma composición y distinta distribución de color.
Construcción de un personaje propio a partir de las manchas previas. Se define silueta, proporción y un repertorio breve de gestos. Entregable: hoja de personaje con tres poses y una expresión dominante.
Planificación de una historia corta en tres viñetas. Se trabaja elipsis, ritmo y encuadre antes de dibujar en limpio. Entregable: storyboard a lápiz y una viñeta finalizada.
Cierre del recorrido con una pieza propia que reúna boceto, color y decisión narrativa. La revisión se hace en grupo y se documenta el proceso en la galería creativa. Entregable: proyecto terminado y cuaderno de proceso.