Un equipo pequeño de ilustradores y docentes que dibuja, corrige y vuelve a dibujar. Aquí contamos cómo trabajamos, qué nos importa al enseñar y por qué cada cuaderno de bocetos empieza siempre por una mancha torpe.
Estos vínculos sostienen buena parte de lo que pasa dentro del atelier: préstamo de material, revisión de portafolios, charlas abiertas y proyectos que terminan en la galería creativa. No son logotipos decorativos; cada uno cumple una función concreta en el recorrido de quien estudia aquí.
Impresión de cuadernos de bocetos y pruebas de color para los ejercicios de paleta limitada. Nos abren la prensa dos tardes al mes para que el alumnado vea cómo se comporta la tinta sobre papel marfil.
Acceso a su fondo de álbumes ilustrados y novelas gráficas para la biblioteca de referencias. Prestan lotes rotativos por trimestre y organizan lecturas comentadas con autores de la región.
Grupo de ilustradores que revisa portafolios de fin de curso y comparte mesa en las videodemostraciones de storyboard. Varios proyectos de tres viñetas salieron de esas sesiones conjuntas.
Diseño de personajes y narrativa visual. Colaboran en el módulo de silueta y proporción, y han cedido bocetos de proceso para que se entienda cómo se llega de la mancha al rasgo final.
Espacio donde presentamos los fanzines que salen de los talleres de narrativa gráfica breve. También sirve de punto de encuentro con lectores y con otros talleres de la zona.
Detrás de cada taller hay un grupo pequeño de ilustradores y docentes que revisa bocetos, corrige color y arma secuencias de storyboard junto a los alumnos. No son perfiles de catálogo: cada uno trabaja con un tramo concreto del recorrido, desde la primera mancha hasta la escena terminada.
Estas son las personas que responden dudas en el cuaderno de bocetos, graban las videodemostraciones y eligen las referencias que se suman a la biblioteca abierta del atelier.
Identidad del proyecto
Trabajamos con personas que dibujan en cuadernos, tabletas o servilletas y quieren ordenar ese impulso. No pedimos portafolio previo ni un estilo definido. Pedimos constancia y ganas de equivocarse en público, que es como se aprende de verdad.
El tono de Doughboat es directo y cálido. Explicamos lo que hacemos con las mismas palabras que usaríamos en un taller presencial: sin promesas grandilocuentes, sin jerga innecesaria. Si un ejercicio no funciona, lo decimos y proponemos otro.
Personas que empiezan desde cero, ilustradores que quieren sistematizar su proceso y docentes que buscan material para llevar al aula. También para quien dibuja por gusto y quiere publicar sus primeras historias cortas.
Recorremos el camino completo: mancha, proporción, color, storyboard y proyecto final. Cada etapa tiene ejercicios concretos y videodemostraciones donde se ve la mano trabajando, no solo el resultado.
Con ejemplos antes que con teoría. Preferimos mostrar un boceto a medias que una frase inspiradora. Las dudas se responden con ejercicios, no con discursos.
Que cada persona termine con un estilo propio reconocible y con la costumbre de dibujar todos los días, aunque sea quince minutos. Eso es lo que sostiene una práctica creativa a largo plazo.