No prometemos un estilo propio en dos semanas. Lo que sí ocurre, casi siempre, es que el cuaderno empieza a tener orden: bocetos con intención, decisiones de color justificadas y escenas que se sostienen sin depender del detalle.
Mancha antes que rasgo
Series de treinta segundos para que la silueta del personaje aguante en miniatura. Si la forma se pierde al reducir, no hay ojos ni ropa que la salven. Este ejercicio se repite al inicio de cada taller de dibujo y termina siendo una costumbre, no una tarea.
Paleta con dos anclas
Ultramar y mostaza obligan a decidir dónde va la atención y dónde descansa la vista. Los ejercicios de color trabajan luces, sombras y mezclas intermedias hasta que la escena respira sin volverse plana. Después se invierte la proporción y se compara.
Storyboard que no explica de más
Planificar tres viñetas fuerza a elegir encuadre, gesto y elipsis. La primera plantea, la segunda gira, la tercera resuelve. Aprendes a confiar en lo que el personaje hace con el cuerpo antes de escribir una línea de diálogo.
Videodemostraciones para volver a verlas
Cada técnica queda grabada con el proceso completo, incluidos los errores y las correcciones. Puedes pausar, repetir un trazo o comparar tu versión con la del ejercicio. Es el material que más se consulta cuando se trabaja fuera de clase.
Un cuaderno que se puede revisar
Al cerrar cada módulo, el cuaderno de bocetos y la galería creativa muestran el recorrido real: lo que funcionó, lo que se descartó y por qué. Ese archivo personal es lo que después sostiene un estilo propio sin copiar referencias.